De brazos sin huesosde cuerpos sin color
de telas transparentes
de alas de carbón.
Pálida es tu axila
a través de la rendija
que avisora el subsuelo.
Perpetua la muñeca
debajo de mis nalgas
que oprimen el hambre
de un oasis de salvación.
A mitad de un cielo incoloro
en puntillas regodeas el charco
de posibles poemas
absurdos,
con aliento agitado
y carne serena.

